Sebastián Osowski nació en Montevideo, pero vive desde hace 12
años en Israel. Tiene el grado de mayor en las Fuerzas de Defensa de Israel
(FDI), y títulos en Derecho Penal y Derecho Internacional en las universidades
de Tel Aviv y Hebrea de Jerusalén.
«Soy hincha de Defensor, hice toda la escuela acá, me crié en
el Parque Rodó. Estudié casi tres años de Derecho acá, en Israel me
reconocieron que entendía lo que era parte del Derecho Romano, pero el resto
tuve que empezar de cero», cuenta Osowski.
Actualmente se desempeña como jefe del Departamento de Asuntos
Jurídicos del Ejército, pero lejos de ser una tarea burocrática, el de Osowski
y sus colegas es trabajo en el terreno, asesorando a los mandos en operaciones
militares. Durante el conflicto más reciente con el movimiento Hamas en la
Franja de Gaza, le tocó intervenir y actualmente participa en las
investigaciones sobre operaciones militares en las que civiles palestinos
resultaron muertos.
«Yo no conozco otro ejército en el mundo que la tenga, 24
horas al día, siete días a la semana gente en donde ocurre el conflicto y donde
se toman las decisiones importantes dando asesoramiento legal para permitirle
al Ejército luchar según las reglas de Derecho», asegura.
«Uno de los problemas más difíciles es que las reglas del
Derecho de Guerra se piensan en la lucha entre dos Estados, entre dos
ejércitos, los dos comprometidos a las normas del Derecho Internacional»,
explica Osowski.
El conflicto de 51 días entre las fuerzas israelíes y las de Hamas
y Yihad Islámica, planteó lo que en términos militares se conoce como
«guerra asimétrica»: una fuerza militar regular enfrentada a grupos
que se mezclan con la población civil.
«Este nuevo conflicto rompe todos los paradigmas: no hay dos
ejércitos, no hay campo de batalla. ¿De dónde Hamas lanza sus ataques?
Básicamente desde hospitales, escuelas, y no olviden que Gaza es uno de los
lugares más densamente poblados en el mundo», indicó.
«Cuando se atacan lugares densamente poblados el daño es
mayor y por eso la necesidad de operar distinto y la creación de una unidad de
asesores legales, que no es obligatorio desde el punto de vista del Derecho
Internacional, y de avisar a la población civil», apunta.
Las muertes de civiles, desde el punto de vista israelí, fue
producto de la estrategia utilizada por Hamas de utilizar a «mujeres y
niños como escudos humanos». El conflicto terminó sobre fines de agosto
pasado con un saldo que superó los dos mil muertos del lado palestino. Algunas
operaciones desarrolladas por las fuerzas israelíes fueron denunciadas como
ilegales. «Una de las tareas de mi unidad es investigar estos casos, para
determinar si operaciones como esas pueden llegar a ser un delito. Hoy en día
hay cuatro investigaciones penales que están siendo desarrolladas, hay muchas
investigaciones más que todavía no llegaron a la órbita penal, porque es parte
de la responsabilidad de un ejército que se compromete con las normas y cuando
alguien no cumple esas normas es llevado a juicio», explica.
A su regreso a Montevideo volvió a encontrarse con la dificultad
de hacer entender el conflicto que desgarra a palestinos e israelíes desde hace
casi siete décadas.
«El uruguayo en su cultura es una persona de diálogo, se
mantienen diálogos importantes acá: sobre aborto, penalidad, jóvenes, que en
definitiva son dilemas de tipo filosófico», observa. Pero esa cultura,
dice, tropieza cuando pretende ubicar el conflicto a «derecha o a
izquierda». «Por eso el uruguayo no puede entender lo que es el
fundamentalismo islámico, no el islam, sino el fundamentalismo. El diálogo ahí
simplemente no es posible», concluye.
Sebastián Osowski: «El diálogo se hace imposible con el fundamentalismo islámico»
19/Nov/2014
El País, Renzo Rosello